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martes, 19 de mayo de 2015

LOS CÓDIGOS DEL AUTORITARISMO



                          El filósofo francés Michel Foucault,  considerado el autor más mencionado en el campo de las Humanidades, describe el poder como algo que yace en la relación entre los dominantes y los dominados.- En esta relación, existen dos fuerzas opuestas, la “potentia” y  la “potestas”.- Siempre que la “potentia” actúa sobre un grupo sometido o a someter, surge la “potestas” para contrarrestarlo, y el resultado definirá las relaciones de poder en una sociedad determinada.-

                          A partir de esta teoría, se pueden distinguir dos momentos en la relación dominantes-dominados.- El primero es el período hegemónico, en el que se intenta introducir la ideología dominante a través de la persuasión argumental, con el fin de lograr una homogeneidad en el pensamiento.- En el segundo, el poshegemónico, la ideología dominante  está instalada y ya no hace falta convencer sino mantenerla,   controlar y castigar el desvío.-


                          En el siglo XX, los regímenes totalitarios han seguido esta lógica, desde una primera etapa de convencimiento a través de la dominación ideológica, y una segunda de control como resguardo de su continuidad.- El control del pensamiento ya no es sólo una cuestión de comisariato político, sino del dominio de los agentes  culturales, entre los que se destacan –por su impacto y poder de penetración- los medios de comunicación de masas.-

                          El marxismo, como argumentación dialéctica de las bondades del colectivismo, se instaló en una parte importante del mundo, para pasar a su etapa poshegemónica con la dictadura estalinista.- El nazismo, con un primer período de instauración del ideario de la recuperación del orgullo alemán y de la superioridad de la raza aria, tuvo su continuidad a través del totalitarismo más sangriento que recuerde la historia, en el que la propaganda goebbeliana fue una de las patas fundamentales para mantener colonizadas  las mentes.-

                          El autoritarismo, concebido en  términos comunes como un modo anómalo de ejercicio de la autoridad, genera un orden social opresivo y restrictivo a las libertades ciudadanas.- El modo autoritario de conducir el poder ocurre en las dictaduras necesariamente como elemento esencial e integrador de su existencia, pero también puede existir en un gobierno surgido de la voluntad popular, como modo deformante del mandato social originario.- En el primer caso es noción constituyente, en el segundo desviación constituída.-

                          Hay dos elementos que funcionan como documentos de identidad de  los autoritarismos, independiente de su  origen dictatorial o democrático,  de su ideología de derecha o de izquierda: su visión maniquea de la sociedad y la  instalación del pensamiento único.-

                          Mani o Manes, sabio persa que se consideraba como el último profeta enviado por Dios a la humanidad, basa su doctrina  en la existencia de dos principios eternos, absolutos y contrarios: el bien y el mal.- Su visión dualista lo llevó a considerar a su doctrina como la verdad absoluta (el bien) y el mal estaba en el pensamiento distinto.-

                          Esta visión extrema en el campo religioso, se extendió a la filosofía y a la política, en ésta última con resultados desastrosos.- El maniqueísmo filosófico influenció ciertas doctrinas políticas, especialmente el nazismo que, de la mano de Carl Schmitt, hizo del concepto su eje doctrinario.-

                          La traducción política del maniqueísmo consiste en considerar que los que adhieren a mi pensamiento están del lado del bien y los que no, llevan el mal en su sangre.- Desde el poder del estado, imponen la autoridad para instalar el “bien” y castigar el “mal”, dividiendo la sociedad entre buenos y malos.-

                          Es éste un rasgo típico del autoritarismo, que necesita de esa visión adversarial del mundo para justificar sus excesos y métodos de dominación asfixiantes cuando no represivos.- Regímenes sangrientos o no, los autoritarios buscan siempre un enemigo, real o imaginario, para instalarlo en la conciencia social y justificar sus acciones autoritarias en la lucha descarnada contra el enemigo.- Los malos pueden ser la burguesía explotadora, el imperialismo, los judíos, los de etnia diferente, la sinarquía internacional,  o, de manera menos elaborada y más casera, simplemente personas o grupos de personas, a quienes les atribuyen malignas intenciones.-

                          Pero esa visión maniquea, necesita de un sustento ideológico que funcione como el conjunto de verdades indiscutibles, definitivas, que el autoritario debe instalar como versión épica de la defensa del dogma contra los que pretenden contrastarlo.- La defensa del modelo a como haya lugar, en cuya tarea la dominación de los medios de comunicación juega un rol verdaderamente clave.-

                          Es lo que llamamos la instalación del pensamiento único, cuya primera descripción es realizada por el  filósofo alemán Arthur Schopenhauer en 1819.- Más acá, en 1964, el filósofo marxista Herbert Marcuse, miembro de la corriente crítica que sustentó los movimientos estudiantiles de los 60, hablaba del “pensamiento unidimensional”, cuya resultante es el cierre del universo del discurso impuesto “por la clase política dominante y los medios suministradores de información de masas”.-

                         

            La pretensión de formular un pensamiento unidimensional,  sólo puede tener su origen en quienes detentan posiciones de poder, especialmente en los que manejan los resortes del Estado, no sólo porque tienen los medios económicos y políticos para imponerlos a gran parte de la sociedad, sino además por el carácter utilitario que tal imposición tendrá para el triunfo de sus propios objetivos.- Y es éste, el otro código importante del autoritarismo.-

                          En un régimen autoritario, el pensamiento único no puede ser otro que –obviamente- el pensamiento oficial y su carácter de verdad incontrastable no puede ser puesta en duda, porque constituye la diferencia entre la supervivencia del poder autoritario o su extinción.- Cuando se tiene la sensación de que el modelo tambalea, el autoritario no se comporta tratando de corregir errores sino profundizando el modelo, insistiendo en las verdades dogmáticas, moviendo cielo y tierra para seguir inoculando el pensamiento único en las mentes ciudadanas.- Pensar distinto pasa de un odioso disenso a convertirse en un pecado capital, que hay que castigar para que no se extienda.- Demonizar el pensamiento distinto, castigar al que se atreva a expresarlo.-

                          No hay nada nuevo bajo el sol, los tiempos pasan pero los comportamientos del poder permanecen, para bien o para mal.- Los autoritarios de antes y de ahora tienen códigos comunes que los identifican y un hilo conductor que se les nota en la parte posterior del cuello.-

                         

                         

                         

 

                         

                         

                         

 

                         

 

 

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